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Tienen miedo de que les descubran, de que alguien se interponga entre sus corazones. Tienen miedo de la vida, de los hijos, de los padres, miedo al compromiso, miedo. La vida es larga y el estudio es pequeño, desde que llegaron es como si los muebles hubieran crecido. A veces los silencios son tan grandes que hay que acariciar, a veces el deseo es tan grande que hay que besar, hay que entregar la vida, hay que entregar el cuerpo, hay que entregar el alma. Pero no, aquí no hay alma, ni cuerpo, ni vida, es un pequeño estudio de poco más de treinta metros cuadrados donde no hay más que silencio, miedo, y algo que no saben cómo llamarlo.

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